¿Arderán los malvados en el infierno?
¿Arderá la gente mala en el infierno como enseñan muchas religiones? Y si no es así, ¿qué castigo recibirán?
El primer castigo divino
La Biblia enseña que Dios creó perfectos a nuestros primeros padres, Adán y Eva (Génesis 1:27; Deuteronomio 32:4). Los puso en un jardín paradisíaco y les dio la oportunidad de vivir para siempre. Sin embargo, debían respetar esta restricción impuesta al hombre: “De todo árbol del jardín puedes comer hasta quedar satisfecho. Pero en cuanto al árbol del conocimiento de lo bueno y lo malo, no debes comer de él, porque en el día que comas de él, positivamente morirás” (Génesis 2:16, 17).Lamentablemente, ellos no pasaron aquella sencilla prueba de lealtad y obediencia, y el Creador no tuvo más remedio que sentenciarlos a muerte. “Con el sudor de tu rostro comerás pan hasta que vuelvas al suelo, porque de él fuiste tomado. Porque polvo eres y a polvo volverás.” (Génesis 3:19.)
Si Adán y Eva hubieran estado en peligro de quemarse en el infierno, ¿no les habría advertido Dios? No obstante, él ni siquiera insinuó que sufrirían después de morir. ¿Cómo iban a sufrir si no tenían un alma inmortal que sobreviviera a la muerte? La Biblia dice claramente: “El alma que peca... ella misma morirá” (Ezequiel 18:4).*
Por ser el Dador de la vida, nuestro Creador sabe todo cuanto hay que saber respecto a la vida y la muerte. Él nos dice en su Palabra que “los muertos [...] no tienen conciencia de nada en absoluto” (Eclesiastés 9:5). Por eso era imposible que Adán y Eva sufrieran en un infierno ardiente al morir. Sencillamente volvieron al polvo y dejaron de existir, pues ya no tenían “conciencia de nada en absoluto”.
¿Hay sufrimiento después de la muerte?
La Biblia dice en Romanos 5:12: “Por medio de un solo hombre el pecado entró en el mundo, y la muerte mediante el pecado, y así la muerte se extendió a todos los hombres”. Por lo tanto, ¿es razonable creer que las personas pagan por sus pecados en el infierno, cuando AdánTodo ser humano está sujeto a la misma ley que Adán: “El salario que el pecado paga es muerte”. Además, cuando muere, queda “absuelto de su pecado” (Romanos 6:7, 23). Pero si tanto los buenos como los malos tienen el mismo final y nadie sufre tras la muerte, ¿cómo se ocupará Dios de hacer justicia?
“Los muertos [...] no tienen conciencia de nada en absoluto.” (Eclesiastés 9:5)
La justicia divina
El propósito de Dios para la humanidad obediente no ha cambiado desde que creó a la primera pareja y les mandó tener hijos y cuidar de la Tierra (Génesis 1:28). Su voluntad sigue siendo la misma, pues siglos más tarde declaró: “Los justos mismos poseerán la tierra, y residirán para siempre sobre ella” (Salmo 37:29).Observe que los justos vivirán en la Tierra y gozarán de salud y felicidad perfectas. El propósito original de Dios de llenar el planeta de personas justas “tendrá éxito seguro”. Y se cumplirá cuando él reemplace este inicuo sistema de cosas con un nuevo mundo (Isaías 55:11; Daniel 2:44; Revelación [Apocalipsis] 21:4).
Los miles de millones de personas que han muerto sin conocer los requisitos divinos resucitarán y recibirán instrucciones para vivir en el nuevo mundo (Isaías 11:9; Juan 5:28, 29). Sin embargo, quienes no deseen regirse por las leyes divinas serán castigados con “la muerte segunda”, es decir, una muerte de la cual no despertarán jamás (Revelación 21:8; Jeremías 51:57).
Por ser un Dios de amor, es inconcebible que Jehová torture a las personas en un infierno de fuego (1 Juan 4:8). Pero tampoco tolerará la maldad para siempre. De ahí que Salmo 145:20 nos asegure que él “está guardando a todos los que lo aman, pero a todos los inicuos los aniquilará”. No cabe duda de que Jehová es un Dios amoroso y justo.
¿SE LO HA PREGUNTADO?
- ¿Tenemos un alma inmortal? (Ezequiel 18:4.)
- ¿En qué estado se encuentran los muertos? (Eclesiastés 9:5.)
- ¿Cómo castigará Dios a los malvados? (Salmo 145:20.)
* En la Biblia, “alma” significa toda la persona, no algo separado del cuerpo. Génesis 2:7
dice: “Jehová Dios procedió a formar al hombre del polvo del suelo y a
soplar en sus narices el aliento de vida, y el hombre vino a ser alma
viviente”. Como se ve, Adán no recibió un alma independiente del cuerpo,
sino que él mismo era un alma viviente.
Nuestros lectores quieren saber
¿Es el Gehena un lugar de tormento ardiente?
En
los Evangelios, Jesús previno a sus discípulos contra sufrir el juicio
del Gehena. Obviamente quería que tomaran muy en serio esa advertencia.
Pero ¿se refería a un infierno de tormento y castigo eterno? (Mateo 5:22.)
Para comenzar, analicemos la palabra Gehena. El vocablo griego guéenna es el equivalente del hebreo gueh Hinnóm, que significa “valle de Hinón” o, en su forma completa, gueh veneh-Hinnóm, “valle de los hijos de Hinón” (Josué 15:8; 2 Reyes 23:10). Este lugar, conocido hoy como Wadi er-Rababi, es un valle estrecho y profundo situado entre el sur y el suroeste de Jerusalén.
En la época de los reyes de Judá —a partir del siglo VIII antes de nuestra era—, allí se efectuaban ritos paganos como el de sacrificar a niños en el fuego (2 Crónicas 28:1-3; 33:1-6). El profeta Jeremías predijo que en ese mismo valle morirían por castigo divino muchos habitantes de Judea a manos de los babilonios (Jeremías 7:30-33; 19:6, 7).*
Según el erudito judío David Kimhi, que vivió aproximadamente entre los años 1160 y 1235, el valle se convirtió con el tiempo en un basurero de Jerusalén, el cual se mantenía ardiendo a fin de incinerar los desperdicios. Cualquier cosa que se arrojara allí quedaría reducida a cenizas, es decir, destruida por completo.
Ahora bien, muchos traductores de la Biblia se han tomado la libertad de verter la palabra guéenna como “infierno” (Mateo 5:22, Reina-Valera, 1960). ¿A qué se debe esto? A que relacionan el fuego literal que ardía en aquel valle con la noción pagana de que los malos reciben un castigo ardiente después de morir. Sin embargo, Jesús nunca vinculó el Gehena a un tormento de ningún tipo.
Jesús sabía que a su Padre celestial, Jehová, le repugna la sola idea de quemar viva a la gente. Refiriéndose al uso que se dio al Gehena, Jehová declaró mediante Jeremías: “Han edificado los lugares altos de Tófet, que está en el valle del hijo de Hinón, a fin de quemar a sus hijos y sus hijas en el fuego, cosa que yo no había mandado y que no había subido a mi corazón” (Jeremías 7:31). La creencia de que se atormenta a los muertos no está en armonía con la amorosa personalidad de Dios ni con la clara enseñanza bíblica de que “ellos no tienen conciencia de nada en absoluto” (Eclesiastés 9:5, 10).
Jesús empleó el término Gehena para referirse a la destrucción completa que viene del juicio condenatorio de Dios. Por lo tanto, el significado de dicho vocablo es el mismo que el del “lago de fuego” mencionado en el libro de Revelación, o Apocalipsis. Las dos expresiones se refieren a la destrucción eterna, sin ninguna posibilidad de resurrección (Lucas 12:4, 5; Revelación 20:14, 15).
Para comenzar, analicemos la palabra Gehena. El vocablo griego guéenna es el equivalente del hebreo gueh Hinnóm, que significa “valle de Hinón” o, en su forma completa, gueh veneh-Hinnóm, “valle de los hijos de Hinón” (Josué 15:8; 2 Reyes 23:10). Este lugar, conocido hoy como Wadi er-Rababi, es un valle estrecho y profundo situado entre el sur y el suroeste de Jerusalén.
En la época de los reyes de Judá —a partir del siglo VIII antes de nuestra era—, allí se efectuaban ritos paganos como el de sacrificar a niños en el fuego (2 Crónicas 28:1-3; 33:1-6). El profeta Jeremías predijo que en ese mismo valle morirían por castigo divino muchos habitantes de Judea a manos de los babilonios (Jeremías 7:30-33; 19:6, 7).*
Según el erudito judío David Kimhi, que vivió aproximadamente entre los años 1160 y 1235, el valle se convirtió con el tiempo en un basurero de Jerusalén, el cual se mantenía ardiendo a fin de incinerar los desperdicios. Cualquier cosa que se arrojara allí quedaría reducida a cenizas, es decir, destruida por completo.
Ahora bien, muchos traductores de la Biblia se han tomado la libertad de verter la palabra guéenna como “infierno” (Mateo 5:22, Reina-Valera, 1960). ¿A qué se debe esto? A que relacionan el fuego literal que ardía en aquel valle con la noción pagana de que los malos reciben un castigo ardiente después de morir. Sin embargo, Jesús nunca vinculó el Gehena a un tormento de ningún tipo.
Jesús sabía que a su Padre celestial, Jehová, le repugna la sola idea de quemar viva a la gente. Refiriéndose al uso que se dio al Gehena, Jehová declaró mediante Jeremías: “Han edificado los lugares altos de Tófet, que está en el valle del hijo de Hinón, a fin de quemar a sus hijos y sus hijas en el fuego, cosa que yo no había mandado y que no había subido a mi corazón” (Jeremías 7:31). La creencia de que se atormenta a los muertos no está en armonía con la amorosa personalidad de Dios ni con la clara enseñanza bíblica de que “ellos no tienen conciencia de nada en absoluto” (Eclesiastés 9:5, 10).
Jesús empleó el término Gehena para referirse a la destrucción completa que viene del juicio condenatorio de Dios. Por lo tanto, el significado de dicho vocablo es el mismo que el del “lago de fuego” mencionado en el libro de Revelación, o Apocalipsis. Las dos expresiones se refieren a la destrucción eterna, sin ninguna posibilidad de resurrección (Lucas 12:4, 5; Revelación 20:14, 15).
* Sobre esta profecía, la New Catholic Encyclopedia
declara: “En la destrucción de Jerusalén morirían tantas personas que
sus cuerpos no serían sepultados, sino arrojados al valle para que se
pudrieran o quemaran”.
¿Tenemos
un alma inmortal?
Temas relacionados:
¿Somos
los seres humanos tan solo carne y hueso, o hay también en nosotros una
parte inmaterial? ¿Pone la muerte fin a nuestra existencia, o hay algo
invisible que continúa viviendo separado del cuerpo?
AUNQUE las
religiones del mundo han concebido una desconcertante variedad de
doctrinas sobre el más allá, la mayoría de ellas coinciden en una idea
fundamental: hay algo dentro de uno que es inmortal, que sigue viviendo
tras la muerte del cuerpo. Mucha gente cree que ese “algo” es el alma.
¿Qué cree usted? ¿Somos en parte carne y en parte alma? ¿Qué es el alma?
¿Tenemos un alma inmortal? Es indispensable saber la verdad sobre estas
cuestiones.“El hombre vino a ser alma viviente”
¿Es el “alma” una parte de nuestro ser que se separa del cuerpo en el momento de la muerte y continúa viviendo? De acuerdo con el Diccionario Bíblico Conciso Holman, el término alma a menudo se refiere a “todo el ser humano”. Veamos un caso en Génesis 2:7: “Jehová Dios procedió a formar al hombre del polvo del suelo y a soplar en sus narices el aliento de vida, y el hombre vino a ser alma viviente”. De modo que el primer hombre, Adán, era un alma.Otros textos bíblicos también respaldan la idea de que el término alma puede referirse a todo el ser humano. Por ejemplo, la Biblia dice que el alma puede trabajar (Levítico 23:30). Asimismo dice que puede impacientarse, irritarse, desvelarse y sentir temor o abatimiento (Jueces 16:16; Job 19:2; Salmo 119:28; Hechos 2:43; 1 Tesalonicenses 5:14). Además, observamos el uso de la palabra alma en el sentido de persona en Romanos 13:1, que exhorta: “Toda alma esté en sujeción a las autoridades superiores”, y en 1 Pedro 3:20, donde leemos: “En los días de Noé, [...] unas pocas personas, es decir, ocho almas, fueron llevadas a salvo a través del agua”. Estos versículos no ofrecen ningún indicio de que el alma sea algo inmaterial que sobreviva al cuerpo.
¿Qué hay de los animales y las plantas? ¿También son almas? Pues bien, observemos cómo describe la Biblia la creación de los animales: “Dios pasó a decir: ‘Enjambren las aguas un enjambre de almas vivientes’”. En el siguiente día creativo, ordenó: “Produzca la tierra almas vivientes según sus géneros, animal doméstico y animal moviente y bestia salvaje de la tierra según su género” (Génesis 1:20, 24). Por ello, tanto los seres humanos como los animales son almas; en cambio, las Escrituras no incluyen a las plantas en la categoría de almas.
El vocablo alma se emplea también con otro sentido. Job 33:22 declara: “Su alma se acerca al hoyo, y su vida a los que infligen muerte”. Aquí se traza un paralelo entre las palabras alma y vida,
en el que la primera adopta el sentido de la segunda. De modo que alma
se refiere, además, a la vida de la persona. Por eso, cuando leemos en
las Escrituras que los enemigos de Moisés “buscaban [su] alma”,
entendemos que intentaban matarlo (Éxodo 4:19). Igualmente, Jesucristo dijo que él “vino [...] para dar su alma [es decir, su vida] en rescate en cambio por muchos” (Mateo 20:28).
La definición bíblica de alma es sencilla y coherente: designa a un ser humano, a un animal o a la vida que hay en ellos. Y como veremos, esta conclusión concuerda con lo que las Escrituras indican que le sucede al alma cuando llega la muerte.
Pero ¿qué hay de los pasajes bíblicos en los que se menciona que el alma sale del cuerpo o regresa a él? Cuando la Biblia explica que Raquel murió al dar a luz, lo hace con estas palabras: “Al ir saliendo el alma de ella (porque murió), lo llamó por nombre Ben-oní; pero su padre lo llamó Benjamín” (Génesis 35:18). Y al referirse a la resurrección del hijo de una viuda, 1 Reyes 17:22 dice: “Jehová escuchó la [oración] de Elías, de modo que el alma del niño volvió dentro de él, y llegó a vivir”. ¿Demuestran estos pasajes que el alma sea una parte inmaterial, invisible, que pueda abandonar el cuerpo o volver a él?
Recordemos que uno de los significados de la palabra alma es “vida”. Por lo tanto, el alma de Raquel iba saliendo de ella en el sentido de que su vida se estaba extinguiendo. De hecho, algunas Biblias expresan el sentido de la frase “al ir saliendo el alma de ella” con otras palabras; por ejemplo, “escapándosele ya la vida” (Biblia del nuevo milenio) o “con su último aliento” (Levoratti-Trusso). De modo similar, en el caso del hijo de la viuda, fue su vida lo que volvió a él (1 Reyes 17:23).
—y no en la doctrina de la inmortalidad del alma— donde radica la verdadera esperanza para los difuntos.
Es muy importante, pues, saber la verdad acerca de la resurrección y de lo que esta supone para la humanidad. También es vital aprender de Dios y de Cristo, pues Jesús dijo en oración: “Esto significa vida eterna, el que estén adquiriendo conocimiento de ti, el único Dios verdadero, y de aquel a quien tú enviaste, Jesucristo” (Juan 17:3). Los testigos de Jehová de su localidad le ayudarán con mucho gusto a estudiar la Biblia para aumentar su conocimiento de Dios y de su Hijo, así como de lo que Dios ha prometido. Lo invitamos a que se ponga en contacto con ellos o a que escriba a los editores de esta revista.
Prácticamente todas las religiones y todas las sociedades han abrazado la idea de que los seres humanos continúan existiendo—o volverán a existir—
tras la muerte. De entre la multitud de creencias que la gente profesa,
¿cuál es la verdadera? Muchos tienen serias dudas de que haya un más
allá. ¿Y a usted qué le han enseñado? ¿Que la vida continúa después de
la muerte? En tal caso, ¿lo cree? ¿O teme a la muerte?
Según los expertos, la ansiedad ante la muerte comprende varias categorías, como son el temor al dolor, el temor a lo desconocido, el temor a la pérdida de un ser querido y el temor a las consecuencias que la muerte propia pueda tener en nuestros allegados.
Uno de los temores más grandes que abriga la gente es el de dejar de existir. Sin importar cuáles sean sus convicciones religiosas, la idea de que la muerte sea el final absoluto estremece a muchos. Para colmo, la ciencia tampoco nos alivia demasiado, pues la mayoría de las funciones corporales se pueden explicar ahora en términos científicos; además, ningún biólogo, físico o químico ha demostrado que el hombre posea en su interior una entidad invisible que sobreviva a la muerte del cuerpo físico. Por ello, muchos investigadores explican la muerte como un proceso meramente biológico.
No es extraño, por tanto, que haya personas que aunque de labios para afuera afirman creer con fervor en la otra vida, por dentro temen morir y verse reducidas a la nada. Curiosamente, el antiguo rey Salomón atribuyó a la muerte humana un carácter definitivo que puede ser intimidante.
Al poco tiempo, más de un centenar de supuestos investigadores y científicos solicitaron que se les concedieran los fondos. Durante meses se celebraron innumerables vistas y se escucharon miles de declaraciones que insinuaban la existencia de un alma invisible. Al final, el juez otorgó el dinero a dos reconocidas instituciones dedicadas a la investigación. Ya ha transcurrido más de medio siglo y los investigadores aún no han presentado ninguna “prueba científica de que hay un alma que se separa del cuerpo en el momento de la muerte”.
El sabio rey dijo por inspiración que “el ser humano no es mejor que el animal porque ambos terminan en lo mismo, mueren por igual [...]. Todos van a un mismo lugar, vienen del polvo y al polvo volverán” (Eclesiastés 3:19, 20, La Palabra de Dios para Todos).
Si bien estas palabras las escribió el rey Salomón, fueron inspiradas por Dios y forman parte de su Palabra escrita, la Biblia. Dichos pasajes, al igual que muchos otros, desmienten la creencia popular de que algo en nuestro interior sobrevive a la muerte y continúa existiendo en otra forma (Génesis 2:7; 3:19; Ezequiel 18:4). ¿Está Dios diciéndonos, entonces, que el final del camino de todo ser humano es el “polvo”, la nada? No, claro que no.
Aunque la Biblia no enseña que una parte del ser humano sobreviva a la muerte, sí ofrece una esperanza muy clara para los difuntos. El siguiente artículo mostrará por qué no debe temerse que la muerte sea el final absoluto de la vida humana.
DEJAREMOS QUE SEA UN TEOLOGO DE PACOTILLA... QUE NOS RESPONDA LA INTERROGANTE... PODEMOS ESTAR EN DESACUERDO EN ALGUNOS COSAS... PERO NO EN TODO... AJJAJAJAJJAJAJAJJAJAJAJA
http://apologista.wordpress.com/2009/09/29/%C2%BFexiste-el-infierno-de-fuego-eterno/
http://apologista.wordpress.com/2008/12/16/la-parabola-del-rico-y-lazaro/
La definición bíblica de alma es sencilla y coherente: designa a un ser humano, a un animal o a la vida que hay en ellos. Y como veremos, esta conclusión concuerda con lo que las Escrituras indican que le sucede al alma cuando llega la muerte.
‘El alma que peca morirá’
La Palabra de Dios asegura: “El alma que peca... ella misma morirá” (Ezequiel 18:4). En un momento de angustia, el profeta Elías “se puso a pedir que muriera su alma” (1 Reyes 19:4). Jonás también “siguió pidiendo que su alma muriera” cuando estaba sufriendo (Jonás 4:8). Efectivamente, el alma muere cuando la persona muere: no es inmortal. Visto, pues, que la persona y el alma son lo mismo, decir que alguien ha muerto equivale a decir que su alma ha muerto.Pero ¿qué hay de los pasajes bíblicos en los que se menciona que el alma sale del cuerpo o regresa a él? Cuando la Biblia explica que Raquel murió al dar a luz, lo hace con estas palabras: “Al ir saliendo el alma de ella (porque murió), lo llamó por nombre Ben-oní; pero su padre lo llamó Benjamín” (Génesis 35:18). Y al referirse a la resurrección del hijo de una viuda, 1 Reyes 17:22 dice: “Jehová escuchó la [oración] de Elías, de modo que el alma del niño volvió dentro de él, y llegó a vivir”. ¿Demuestran estos pasajes que el alma sea una parte inmaterial, invisible, que pueda abandonar el cuerpo o volver a él?
Recordemos que uno de los significados de la palabra alma es “vida”. Por lo tanto, el alma de Raquel iba saliendo de ella en el sentido de que su vida se estaba extinguiendo. De hecho, algunas Biblias expresan el sentido de la frase “al ir saliendo el alma de ella” con otras palabras; por ejemplo, “escapándosele ya la vida” (Biblia del nuevo milenio) o “con su último aliento” (Levoratti-Trusso). De modo similar, en el caso del hijo de la viuda, fue su vida lo que volvió a él (1 Reyes 17:23).
La verdadera naturaleza del hombre
Las Escrituras revelan con claridad que el ser humano no tiene un alma, sino que es un alma: esta es la verdadera naturaleza del hombre. Por consiguiente, toda perspectiva de vida después de la muerte depende de la resurrección. La Biblia promete: “No se maravillen de esto, porque viene la hora en que todos los que están en las tumbas conmemorativas oirán [la] voz [de Jesús] y saldrán, los que hicieron cosas buenas a una resurrección de vida, los que practicaron cosas viles a una resurrección de juicio” (Juan 5:28, 29). Es en esta confiable promesaEs muy importante, pues, saber la verdad acerca de la resurrección y de lo que esta supone para la humanidad. También es vital aprender de Dios y de Cristo, pues Jesús dijo en oración: “Esto significa vida eterna, el que estén adquiriendo conocimiento de ti, el único Dios verdadero, y de aquel a quien tú enviaste, Jesucristo” (Juan 17:3). Los testigos de Jehová de su localidad le ayudarán con mucho gusto a estudiar la Biblia para aumentar su conocimiento de Dios y de su Hijo, así como de lo que Dios ha prometido. Lo invitamos a que se ponga en contacto con ellos o a que escriba a los editores de esta revista.
¿Por qué tememos a la muerte?
“Lo más temible es la muerte, ya que es el fin.” Aristóteles.
SUS
conocidos la consideraban una mujer muy devota, una verdadera creyente;
algunos incluso la llamaban “un pilar de su iglesia”. Le habían
enseñado que la muerte no es el final de la vida, sino el tránsito al
más allá. Y, sin embargo, cuando estaba a punto de morir, la invadió el
miedo. Atormentada por las dudas, dijo a su consejera espiritual: “Entre
tantas creencias [sobre lo que sucede después de la muerte], ¿cómo sabe
uno cuál es la correcta?”.Prácticamente todas las religiones y todas las sociedades han abrazado la idea de que los seres humanos continúan existiendo
ENEMIGA IMPLACABLE
La muerte ha sido llamada la enemiga del hombre, y con razón. Hay a nuestro alrededor abundantes pruebas que atestiguan que se trata de una enemiga real. Se calcula que cada año siega la vida de 59.000.000 de personas, un promedio de dos por segundo. ¿Cómo se cobra sus víctimas?- Una persona muere a causa de la guerra cada ciento dos segundos.
- Una persona es asesinada cada sesenta y un segundos.
- Una persona se suicida cada treinta y nueve segundos.
- Una persona muere en un accidente de tráfico cada veintiséis segundos.
- Una persona muere a causa del hambre cada tres segundos.
- Un niño menor de cinco años muere cada tres segundos.
El temor a convertirse en nada
Los investigadores han acuñado la expresión ansiedad ante la muerte para designar el miedo que esta inspira. Pese a que en las últimas décadas se han publicado infinidad de libros e informes científicos sobre el particular, la muerte sigue siendo un tema en el que la inmensa mayoría de las personas prefiere no pensar; no obstante, la cruda realidad nos obliga a hacerlo tarde o temprano. La vida humana es demasiado frágil: cada día mueren, en promedio, más de ciento sesenta mil personas. Todos los seres humanos, sin excepción, estamos sujetos a la ley de la muerte, y esta es una realidad que infunde temor.Según los expertos, la ansiedad ante la muerte comprende varias categorías, como son el temor al dolor, el temor a lo desconocido, el temor a la pérdida de un ser querido y el temor a las consecuencias que la muerte propia pueda tener en nuestros allegados.
Uno de los temores más grandes que abriga la gente es el de dejar de existir. Sin importar cuáles sean sus convicciones religiosas, la idea de que la muerte sea el final absoluto estremece a muchos. Para colmo, la ciencia tampoco nos alivia demasiado, pues la mayoría de las funciones corporales se pueden explicar ahora en términos científicos; además, ningún biólogo, físico o químico ha demostrado que el hombre posea en su interior una entidad invisible que sobreviva a la muerte del cuerpo físico. Por ello, muchos investigadores explican la muerte como un proceso meramente biológico.
No es extraño, por tanto, que haya personas que aunque de labios para afuera afirman creer con fervor en la otra vida, por dentro temen morir y verse reducidas a la nada. Curiosamente, el antiguo rey Salomón atribuyó a la muerte humana un carácter definitivo que puede ser intimidante.
BÚSQUEDA INFRUCTUOSA
El 9 de noviembre de 1949, James Kidd, de 70 años de edad y minero de una mina de cobre, desapareció en las montañas del estado de Arizona (EE.UU.). Años más tarde, después de que se le declarara muerto, se descubrió su testamento escrito a lápiz, así como acciones valoradas en cientos de miles de dólares. En el testamento disponía que se dedicara el dinero a la investigación para hallar “alguna prueba científica de que hay un alma que se separa del cuerpo en el momento de la muerte”.Al poco tiempo, más de un centenar de supuestos investigadores y científicos solicitaron que se les concedieran los fondos. Durante meses se celebraron innumerables vistas y se escucharon miles de declaraciones que insinuaban la existencia de un alma invisible. Al final, el juez otorgó el dinero a dos reconocidas instituciones dedicadas a la investigación. Ya ha transcurrido más de medio siglo y los investigadores aún no han presentado ninguna “prueba científica de que hay un alma que se separa del cuerpo en el momento de la muerte”.
¿Es el “polvo” el final del camino?
En el libro de Eclesiastés, compuesto hace tres mil años, Salomón escribió: “Los vivos sabemos que vamos a morir, pero los muertos no saben nada, no tienen conciencia de nada y serán olvidados. Después de morir, uno ya no siente amor ni envidia”. Y añadió: “Cada vez que encuentres un trabajo que hacer, hazlo lo mejor que puedas. En el sepulcro no hay trabajo, ni pensamiento, ni conocimiento ni sabiduría y para allá vamos todos” (Eclesiastés 9:5, 6, 10, La Palabra de Dios para Todos).El sabio rey dijo por inspiración que “el ser humano no es mejor que el animal porque ambos terminan en lo mismo, mueren por igual [...]. Todos van a un mismo lugar, vienen del polvo y al polvo volverán” (Eclesiastés 3:19, 20, La Palabra de Dios para Todos).
Si bien estas palabras las escribió el rey Salomón, fueron inspiradas por Dios y forman parte de su Palabra escrita, la Biblia. Dichos pasajes, al igual que muchos otros, desmienten la creencia popular de que algo en nuestro interior sobrevive a la muerte y continúa existiendo en otra forma (Génesis 2:7; 3:19; Ezequiel 18:4). ¿Está Dios diciéndonos, entonces, que el final del camino de todo ser humano es el “polvo”, la nada? No, claro que no.
Aunque la Biblia no enseña que una parte del ser humano sobreviva a la muerte, sí ofrece una esperanza muy clara para los difuntos. El siguiente artículo mostrará por qué no debe temerse que la muerte sea el final absoluto de la vida humana.
DEJAREMOS QUE SEA UN TEOLOGO DE PACOTILLA... QUE NOS RESPONDA LA INTERROGANTE... PODEMOS ESTAR EN DESACUERDO EN ALGUNOS COSAS... PERO NO EN TODO... AJJAJAJAJJAJAJAJJAJAJAJA
http://apologista.wordpress.com/2009/09/29/%C2%BFexiste-el-infierno-de-fuego-eterno/
¿EXISTE EL INFIERNO DE FUEGO ETERNO?
Ingº Mario A Olcese (Apologista)
Muchas de mis visitas me preguntan si yo creo en el infierno de fuego que nunca se apaga, tal como lo mencionó Jesucristo en Mateo 18:9: “Y si tu ojo te fuere ocasión de caer, sácalo y échalo de ti: mejor te es entrar con un solo ojo en la vida, que teniendo dos ojos ser echado en el infierno del fuego”.
Esta es, sin duda, una inquietud que tienen muchos creyentes sinceros en las Escrituras, y en especial, los incrédulos burlones. Por tanto, yo creo que esta pregunta requiere una respuesta clara y puntual.
La Parábola del Rico y Lázaro
1Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez. 20Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquél, lleno de llagas, 21y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas. 22Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado. 23Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. 24Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama. 25Pero Abraham le dijo: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado. 26Además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá. 27Entonces le dijo: Te ruego, pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre, 28porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento. 29Y Abraham le dijo: A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos. 30Él entonces dijo: No, padre Abraham; pero si alguno fuere a ellos de entre los muertos, se arrepentirán. 31Mas Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos (Lucas 16:1-31).
En primer lugar, yo creo que el relato de Lázaro y el Rico es una parábola, pues fíjense cómo comienza la narración: “Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y lino fino, y hacía banquete con esplendidez”. Ahora vean ustedes cómo empieza la parábola anterior, la del “Mayordomo Infiel”: “Había un hombre rico que tenía un mayordomo, y éste fue acusado ante él como disipador de sus bienes”. ¿No tienen ambos relatos una semejanza enorme? Sin embargo, la Versión Valera subtitula el relato del “Mayordomo infiel” como una Parábola, pero no así el relato del Rico y Lázaro. ¿Por qué esta parcialidad?
¿Qué se desprende de la narración del Rico y Lázaro?
1.- Que el mendigo (Lázaro) está en el seno de Abraham.
2.- Que el rico murió y fue al Hades y alzando los ojos estando en tormento vio a Abraham y a Lázaro en su seno.
3.- Hay una sima entre ambos “lugares” de modo que los condenados no pueden pasar al lugar de dicha y viceversa.
Si creemos que todo lo que se dice acá hay que tomarlo seriamente y literalmente, entonces eso significaría que los justos podrán ver y oír a los condenados atormentándose y rechinando sus dientes por toda la eternidad en el infierno. ¿Pero puede ser agradable para cualquier salvo ver y contemplar cómo se atormentan por una eternidad sus seres queridos que no se arrepintieron y convirtieron? ¿Y podría ser posible que la lengua de alguno sea refrescada con las minúsculas gotas de agua que caen de un dedo?
Un detalle importante me llama mucho la atención, y es que en esta parábola del Rico y lázaro se habla del Hades como un lugar de llama y tormento. Sin embargo, Jesús al hablar del castigo del infierno de fuego en otros pasajes, él lo sitúa en otra región que en el Griego es “Gehenna” y no Hades. Jesús nunca mencionó el Hades (Seol, Heb) como un lugar de tormento, salvo en esta parábola. ¿Cómo se explicaría esto? Algunos sostienen, sin prueba bíblica alguna, que el Hades tiene dos compartimientos: uno para las almas justas, y otro para las almas impías. Esto parece interesante, ¿pero como estar seguros si la Biblia no lo dice claramente? Lo cierto es que Hades debe ser traducido como tumba o sepulcro, y no infierno, como erróneamente incurren algunas versiones. Y lo que es claro es que el Hades es un lugar donde van los cuerpos mortales de los difuntos, ya que el mismo David (Figura de Jesús) pidió no ser mantenido allí para no ver corrupción (Hechos 227).
El gusano de ellos no muere
“Cualquiera que haga tropezar a uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le fuera si se le atase una piedra de molino al cuello, y se le arrojase en el mar. 43Si tu mano te fuere ocasión de caer, córtala; mejor te es entrar en la vida manco, que teniendo dos manos ir al infierno, al fuego que no puede ser apagado, 44donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga. 45Y si tu pie te fuere ocasión de caer, córtalo; mejor te es entrar a la vida cojo, que teniendo dos pies ser echado en el infierno, al fuego que no puede ser apagado, 46donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga. 47Y si tu ojo te fuere ocasión de caer, sácalo; mejor te es entrar en el reino de Dios con un ojo, que teniendo dos ojos ser echado al infierno, 48donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga” (Marcos 9:42-48).
Aquí Jesús, al hablar del infierno, nos dice que también el cuerpo mortal será arrojado al infierno y no sólo el alma. Nótese que el Señor dice que mejor sería perder una de las manos y vivir, que tener ambas manos y ser lanzado al infierno. Sin duda que él se refiere a las manos físicas, y no a otro tipo de cuerpo o alma. ¿Pero puede un cuerpo mortal lleno de gusanos ser atormentado para siempre en un infierno dantesco con llamas que no se apagan?¿Existen realmente gusanos que no mueren (inmortales) en el infierno?
También nótese el contraste que hace Jesús entre perder una mano o un ojo para vivir, versus el conservar ambas manos u ojos pero ser lanzado al infierno. Si los que conservaron sus dos manos o sus dos ojos son lanzados al infierno para seguir viviendo en tormento por fuego eterno, ¿qué sentido tendría que Jesús dijera que mejor sería perder una mano o un ojo y ganar la vida? ¿No sería más lógico concluir que los que van al infierno no ganaran la vida, porque finalmente terminaran destruidos y consumidos por fuego?
Por otro lado, ¿acaso no dice la Biblia que los que recibirán vida eterna o inmortalidad serán sólo aquellos que “perseveran en el bien hacer”? (Rom. 2:7). ¿Cómo podrán tener inmortalidad en el infierno aquellos que perseveran en el mal hacer?
Fin de la primera parte
http://ladoctrinadedios.blogspot.com/2012/01/el-hombre-rico-y-lazaro-y-el-ladron-en.htmlEl HOMBRE RICO Y LAZARO, Y EL LADRON EN LA CRUZ
MÁS
QUE CUALQUIER OTRO PASAJE DE LA ESCRITURA, la parábola del hombre rico y
Lázaro puede estar asimilada a la enseñanza popular de que el castigo y
la recompensa son repartidos a los muertos antes de la resurrección.
Pero la sola idea de que el destino del impío es sellado y su castigo
asignado antes del juicio, ha sido pronunciada como incoherente. La
Escritura no confiere la inmortalidad sobre nadie y no consigna a
ninguno de los muertos para juicio aparte de la resurrección (Juan 5:28,
29; Rev. 20:11-15). G.E. Ladd acota que "hay una enseñanza en este
pasaje [La Parábola del hombre rico y Lázaro] que contradice toda la
enseñanza Bíblica acerca del estado intermedio, a saber, que el juicio y
la recompensa tienen lugar inmediatamente después de la muerte. En otro
sitio el juicio siempre ocurre en la Segunda Venida" (The Last Things,
p. 34, énfasis mío).
Las Presuposiciones No Bíblicas
.La
historia de Lázaro y el hombre rico, de hecho, puede ser leída desde
dos puntos de vista enteramente diferentes. Todo depende de cuál
presuposición se opta para que tenga influencia sobre esta sección
intrigante de la Escritura. Mientras que piden prestado alguna de la
terminología Farisaica contemporánea, Jesús realmente no se subscribe a
las fuentes poco bíblicas que los fariseos habían abrazado bajo la
influencia del pensamiento Griego. Nos acercamos a la parábola
firmemente convencidos por el Antiguo Testamento de que el Hades no es
en este momento un lugar de tormento para el espíritu humano malvado, y
que un espíritu humano consciente, despojado de su cuerpo, resulta
inconcebible para los escritores Bíblicos. El Hades en el futuro puede
convertirse en un lugar de castigo (Sal. 9:17).
.Las
palabras inaugurales, "Había un cierto hombre nos recuerdan la historia
del hijo pródigo y la parábola del mayordomo injusto, que comienzan con
la misma locución, y nos advierten que estamos tratando con una
historia con una moraleja en vez de un discurso directo sobre la
escatología. "Es inconcebible", dice F.W. Farrar (Smiths Dictionary of
the Bible,, vol. 2, p. 1038) "cimentar la prueba de una importante
doctrina teológica en un pasaje que declaradamente está llena de
metáfora Judía".
.G.M.
Gwatkin en The Eye for Spiritual Things, p. 41, escribió de nuestro
texto: Sólo "permítame advertirle que una parábola es una parábola y no
un hecho literal. Es buena para la lección que nuestro Señor pretende
enseñar, pero nosotros no podemos tomar por entendido que Él quiere
enseñar todo lo que Él parece decir, por ejemplo, que en el paraíso
nosotros nos sentaremos en el regazo de Abraham". Un Profesor Regio de
Hebreo expresó un punto de vista similar: "Suponer que es el objetivo
del Señor dar aquí una doctrina del Estado Intermedio es malentender
totalmente la parábola" (Dr. C.H. Wright, The Intermediate State, p.
278).
.¡Cuán
escasamente han sido acatadas las advertencias! En su enseñanza acerca
del castigo futuro, los Fariseos habían revolucionado el pensamiento del
Antiguo Testamento al absorber la misma filosofía Platónica que
descansa en la raíz de mucha de nuestra propia teología. Varios de los
libros apócrifos y seudoepígrafos demuestran que el hades / sheol de la
Escritura se había convertido en una morada animada de espíritus
incorpóreos, contrario a la descripción del Antiguo Testamento de la
tumba como un lugar "donde no hay trabajo, ni estratagema, ni 31
conocimiento, ni sabiduría" (Ecl. 9:10), y donde los muertos bajan en el
silencio y no saben nada de nada (Ecl. 9:5), mientras duermen en el
polvo" (Dan. 12:2).
.Los
Fariseos habían dividido el Hades / Sheol en dos compartimientos para
acomodar a los justos en "el seno de Abraham” y a los malvados para que
sufran "maldiciones, látigos, y tormentos en otro (1 Enoc 22:9-13). Hay
puntos de contacto evidentes entre el lenguaje de la parábola en Lucas y
la enseñanza de los Fariseos. Sin embargo, a pesar del préstamo de la
fraseología, la parábola en ninguna parte específicamente manifiesta que
las escenas de recompensa y castigo descritas en los versos 22-26
ocurren antes de la resurrección. Aunque la historia puede ajustarse
para que calce con el sistema Platónico de la supervivencia inmediata en
la muerte, es sumamente significativo que Lázaro y el hombre rico no se
vean como almas o espíritus incorpóreos; pero la parábola (i.e, al
menos en los versos 19 para 26) también puede ser leída muy
satisfactoriamente con el esquema Bíblico en mente. Por consiguiente, no
necesitamos decir que Jesús acomodó su historia a la doctrina farisaica
de la otra vida. Un programa exacto de acontecimientos es en todo caso
difícil de esperarse en una parábola. Su propósito yace a otro sitio.
Usar esta historia a solas como la base de nuestro entendimiento de lo
que ocurre en la muerte, cuando tanta instrucción clara recibimos de
otras partes en la Escritura, es apenas justificable.
.El Banquete Mesiánico
.Si
leemos con la escatología Bíblica en mente, entenderemos la referencia
para el hombre pobre que es llevado al seno de Abraham como paralelo a
los ángeles que congregan a los fieles en el Reino de Dios y en el
banquete Mesiánico en la Parusía (Mat. 24:31; Lucas 14:15), donde se
reclinarán con Abraham, Isaac, y Jacob y todos los fieles (Mat. 8:11).
Esta recompensa es colocada por Jesús "en la resurrección de los justos
(Lucas 14:14). Sería desacertado sugerir con base en nuestra historia,
que Lucas ahora coloca la recompensa en el momento de la muerte. El
entierro del hombre rico es seguido por "alzando sus ojos" (¿puede ser
esto una referencia velada para abrir los ojos en la resurrección?)
seguido por su doliente tormento en la llama (Lucas 16:24). Aquí
recordamos que "allí será el llanto y crujir de dientes, cuando veáis a
Abraham, a Isaac, y Jacob, y a todos los profetas en el reino de Dios
[en la Parusía] y vosotros estéis excluidos" (Lucas 13:28). Quizá aun el
verso de 23 no llega a declarar con precisión que el tormento era
experimentado en el Hades, si bien podría ser leído en ese sentido. Es
interesante que algunos textos, incluyendo la Vulgata, unen los términos
"en Hades" a "fue sepultado" y empiezan una nueva oración habiendo
levantado sus ojos, (i.e, "Et sepultus est in inferno.
.Elevans
autem oculos suos"). En esa lectura no habrá nada que sugiera que el
Hades era un lugar de tormento. Si, no obstante, el tormento se va a
asociar con el hades, entonces puede pensarse en una referencia al lago
del fuego, la segunda muerte, un lugar del castigo. (Rev. 20:14). En ese
pasaje la primera muerte y Hades son echados dentro del lago de fuego,
lo cual es luego conocido como la segunda muerte. La segunda muerte, a
diferencia de la primera, es ciertamente un lugar de retribución
asociada aun con el tormento (Rev. 14:10; 20:10), sin embargo nada se
dice del tormento eterno. Bien puede ser que Jesús se refiere al "nuevo
Hades" de la segunda muerte, el nuevo mundo de los muertos, el cual es
muy distinto del Hades de la primera muerte, que es a todo lo largo de
la Escritura un lugar de descanso y silencio para buenos y malos
igualmente, y ciertamente el lugar para el cual Jesús mismo fue cuando
El murió (Hechos 2:31). No es muy preciso decir que toda muerte está
abolida cuando la muerte y el Hades son arrojados en el lago 32 de fuego
(Rev. 20:14), pues el lago de fuego es en sí mismo llamado la segunda
muerte (Rev. 21:8) y la muerte por consiguiente sobrevive en una nueva
forma, como un lugar ardiente.
.
¿La Imaginería Poética?
.Sería,
claro está, muy posible entender toda la conversación entre los muertos
como la imaginería poética parecida a la del pasaje en Isaías 14:11
donde los muertos son representados como que hablan unos con otros.
¡Nadie necesita tomar literalmente la declaración de que los
"asesinados" se mueven y hablan! En todo caso nuestra parábola no
contiene ninguna concesión para el punto de vista Platónico de la
supervivencia como un espíritu incorpóreo, si bien el lenguaje de los
fariseos es prestado para el efecto.
.Más
significativo es la mención de ojos, dedo, y la lengua, demostrando que
no hay indicación aquí de la supervivencia como un "alma" incorpóreo",
aunque la teología tradicional casi siempre hace su apelación para esta
historia como una base para la doctrina del estado postmortem. ¿Cree
alguien, sin embargo, que el hombre rico literalmente pudo comunicarse
con Abraham en el cielo? ¡Una lectura literal a fondo de la historia
prueba demasiado!
.El
uso extendido de esta parábola para enseñar que las recompensas y los
castigos siguen inmediatamente en la muerte, refleja en nuestro tiempo
el cambio principal en el cuadro escatológico que comenzó a afectar a la
iglesia Cristiana ya en el segundo siglo, bajo la influencia de la
filosofía Griega. Volvemos otra vez al dictamen de Canon Goudge que
consideró que la infiltración de las ideas Romanas y Griegas en la
iglesia Cristiana representa "un desastre del cual nosotros nunca nos
hemos recobrado, ya sea en la doctrina o en la práctica". La
transformación del punto de vista Cristiano en el futuro conllevó una
peligrosa interferencia con la doctrina de la resurrección y la Parusía.
La "antedatación" de los eventos que son para la postresurrección y la
Parusía en el esquema Bíblico condujo al colapso de la estructura
escatológica del Nuevo Testamento, embistiendo así el mismo corazón del
mensaje Cristiano del Reino de Dios.
.
La
mismísima tendencia para invertir los acontecimientos escatológicos
futuros en el presente reaparece en la teología sectaria como una
Parusía de 1914, y en algunos círculos evangélicos, un rapto
pre-tribulación.12 La doctrina de la supervivencia del alma en la muerte
entra en la misma categoría. La persistente tendencia liberal entiende
el Reino de Dios sólo como un Reino presente "en los corazones" de los
creyentes, y no, tal lo expone el Nuevo Testamento, como un Reino
predominantemente escatológico a ser manifestado en la Parusía. En cada
caso la doctrina central de la resurrección está bajo ataque (como
estaba en el día de Pablo 1 Cor. 15:12; 2 Tim. 2:18), y con ella la
doctrina de la venida del Mesías para establecer a su Reino.
.
El Ladrón en la Cruz
.Un
solo versículo en el Evangelio según Lucas se ha sostenido para proveer
la evidencia de que Jesús esperó una presencia inmediata en el cielo
para El mismo y el ladrón en la cruz, en el día de la crucifixión. Las
infranqueables dificultades envueltas en tal interpretación son raras
veces consideradas. Alan Richardson advierte contra la lectura de este
versículo de una manera que contradice el punto de vista general del
Nuevo Testamento (Introduction to the New Testament Theology, p. 346).
.E.
Earle Ellis nos advierte asimismo que la interpretación común no está
de acuerdo con las enseñanzas de Jesús en algún otro sitio, o con el
punto de vista general del Nuevo Testamento del hombre y de la muerte"
(The New Century Bible Commentary on Luke, p. 269). Él luego nos refiere
directamente a Lucas 27-40 que demuestra que la vida después de la
muerte para Abraham depende de su resurrección futura. Según nuestras
traducciones, Jesús le dijo al ladrón: 33 "de cierto te digo: Hoy
estarás conmigo en el paraíso". ¿Puede realmente ser que debemos tener
por entendido que Cristo le estaba ofreciendo al ladrón un lugar en el
cielo (en el cual Cristo únicamente se dice ha pasado, Heb. 4:14) aparte
de la resurrección, y por adelantado de todos los fieles incluyendo a
David, quien en Hechos 2:34 no había subido al cielo"? ¿Verdaderamente
estaba Jesús mismo esperando estar con el Padre ese día, en vista de su
declaración a los Judíos de que "como estuvo Jonás en el vientre del
gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el
corazón de la tierra tres días y tres noches (Mat.12:40)? ¿Cómo
ciertamente pudo El estar en el paraíso en el día de la crucifixión,
cuando según la profecía de su muerte a la que se refirió Pedro, él
estaba en el Hades hasta la resurrección (Hechos 2:31)? Aun en el
domingo de su resurrección, El aún no había ascendido al Padre (Juan
20:17).13
.Los
intentos que han sido hechos para conservar el esquema tradicional
intacto envuelven alguna cuestionable exégesis. Se ha sugerido que el
paraíso aquí no fue en la presencia del Padre sino en el mundo de los
muertos. Pero el paraíso de la Escritura es hallado no dentro del
corazón de la tierra, sino en el huerto restaurado de Edén, el cual
contiene el árbol de la vida: "Al que venciere, le daré a comer del
árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios" (Rev. 2:7;
22:2). ¡Nadie declararía que el árbol de la vida crece en el área de los
muertos!
.
.
La
solución para el problema planteado por la promesa de Jesús para el
ladrón bien puede recaer sobre la puntuación de Lucas 23:43. George R.
Berry, editor del Interlinear Literal Translation, escribió: "No hay
autorización para la puntuación en cualquier parte del texto Griego". El
adverbio Griego vertido aquí como hoy aparece en la versión de los LXX y
en el Nuevo Testamento 221 veces. En 170 de estas ocurrencias el
adverbio sigue al verbo que modifica, y a menudo acompaña declaraciones
de gran solemnidad: Así, en el Antiguo Testamento tenemos: "Te digo
hoy"; "Yo te testifico hoy". Los ejemplos pueden ser hallados en
Deuteronomio 6:6; 8:11; 10:13; 11:8, 17, 23; 13:8; 19:9; 27:4; 31:2. No
es antinatural, por consiguiente, que le debamos poner signos de
puntuación a Lucas 23:43 como sigue: "De cierto te digo hoy, estarás
conmigo en el paraíso". Pablo usa un giro similar de la locución en
Hechos 20:26: "Yo os protesto en el día de hoy, que estoy limpio de la
sangre de todos . Algunos escritos primitivos razonablemente colocan la
coma en Lucas 23:43 como nosotros lo sugerimos.14
.
.
En
vista de la petición del ladrón, la respuesta de Jesús tiene buen
sentido común así puntuado. Él le había pedido a Jesús que se acuerde de
él cuando viniera en (el poder de) su Reino, es decir, en la Parusía,
cuando el Reino debe ser manifestado en gloria. La aseveración de Señor
más que satisface la petición del ladrón; El le asegura al ladrón que él
ya es recordado en ese mismo día, por adelantado de la venida del
Reino. El ciertamente estará con Jesús en el paraíso del Reino futuro.
.Juan 11:26
.Es
algunas veces contendido que la declaración de Jesús en Juan 11:26, "él
que cree en Mí nunca morirá", prueba que los muertos deben arribar
inmediatamente a la presencia de Dios. Así traducida, la declaración
está en conflicto con el dicho que la precede: "Él que cree en mí,
aunque haya muerto, vivirá". En Juan 5:24, Jesús dice que el creyente
tiene la vida de la era venidera,15 pero esto no imposibilita la
necesidad para la resurrección en el último día: "Ésta es la voluntad
del que me envió, que todo aquel que cree en el Hijo de Dios tenga vida
de la era venidera, y yo lo resucitaré en el día postrero" (Juan 6:40).
La resurrección en el día postrero está asociada con la vida de la era
venidera. El tema de la resurrección recurre como una clase de 34 coro
en los versos 39, 44, 54. La resurrección de la tumba para la vida de la
era venidera es claramente enseñada en Juan 5:29. Con estos pasajes en
mente sugerimos que Juan 11:26 debería ser vertido literalmente (con
A.H. McHeile, New Testament Teaching in the Light of St. Paul’s, p.
268): "Todo aquel que vive y cree en mí no morirá eternamente" eis ton
aiona, en la era (venidera). Tenemos un paralelo en 8:35: "el esclavo no
se queda en la casa durante la edad (eis ton aiona AV no se queda para
siempre).16
.¿Vivo Antes de la Resurrección?
.Tres
pasajes más de la Escritura son algunas veces presentados en apoyo del
punto de vista de que los muertos están vivos antes de la resurrección.
El episodio relatado en 1 Samuel 28 concierne a una así llamada
aparición de Samuel después de su muerte. Hay buenas razones para creer
que la medium, con la ayuda de un espíritu demoníaco, pudo efectuar una
imitación de Samuel. No tiene sentido del todo suponer que, habiendo
rehusado comunicarse con Saúl por cualquier manera legítima (1 Sam.
28:6), el Señor le hablaría a través de Samuel, usando prácticas que El
había prohibido como una "abominación". En todo caso, Saúl no vio nada.
Fue la medium a solas quien vio a "dioses ascendiendo de la tierra" y a
"un hombre anciano cubierto con un manto". Toda la historia se parece a
un caso de fraude, y el comentario en 1 Crónicas 10:13, leído en el
original, sugiere que lo que Saúl consultó fue al demonio familiar
mismo, en vez del espíritu de Samuel, como pensó él. Y Samuel no fue un
alma incorpóreo.
.
En
la transfiguración, Moisés y Elías aparecieron con Jesús. El
acontecimiento está descrito como una visión (Mat. 17:9), y como la
visión de Juan de acontecimientos no cumplidos en el libro de
Apocalipsis, no puede pasar por una declaración de la supervivencia real
de Moisés y Elías. Es muy difícil que ellos pudieran haber sido
resucitados a la inmortalidad por adelantado de Jesús, los primeros
frutos. Y el escritor a los Hebreos piensa en todos los héroes de la fe
del Antiguo Testamento, incluso de Moisés y los profetas, como que
habían muerto, sin haber recibido el premio prometido (Heb. 11:13, 39).
La transfiguración es comprendida por Pedro como que es una visión de la
Parusía (2 Ped. 1:17, 18.
.¡Es
algunas veces alegado que las discusiones entre Jesús y los saduceos
acerca de la resurrección muestran que Jesús pensó acerca de Abraham,
Isaac, y Jacob como que estaban vivos antes de la resurrección! Sin
embargo, esto es no comprender el punto principal de la enseñanza de
Señor. Su meta fue señalar la necesidad absoluta de la resurrección.
¡Puesto que los patriarcas estaban muertos (y lo están aún), deberá
haber una resurrección futura, pues Dios no es Dios de muertos sino de
vivos! (Mat. 22:29-33).
.
Anthony Buzzard, teologo unitario...
LA PARÁBOLA DEL RICO Y LÁZARO
Por el Dr. Javier Rivas Martínez (MD)
«Había
un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada
día banquete con esplendidez. Había también un mendigo llamado Lázaro,
que estaba echado a la puerta de aquél, lleno de llagas, y ansiaba
saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros
venían y le lamían las llagas. Aconteció que murió el mendigo, y fue
llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y
fue sepultado.Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio
de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Entonces él, dando voces,
dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que
moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy
atormentado en esta llama. Pero Abraham le dijo: Hijo, acuérdate que
recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora éste
es consolado aquí, y tú atormentado. Además de todo esto, una gran sima
está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren
pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá. Entonces le
dijo: Te ruego, pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque
tengo cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no vengan
ellos también a este lugar de tormento. Y Abraham le dijo: A Moisés y a
los profetas tienen; óiganlos. El entonces dijo: No, padre Abraham; pero
si alguno fuere a ellos de entre los muertos, se arrepentirán. Mas
Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se
persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos» (Lc.16:19-31).
Miremos la definición de parábola en el diccionario de la RAE:
Parábola. (Del lat. parabŏla, y este del gr. παραβολή). f. Narración de un suceso fingido, de que se deduce, por comparación o semejanza, una verdad importante o una enseñanza moral. |
Así que, la parábola, aún siendo una historia no verídica, una
narración ficticia, deja una importante enseñanza moral práctica y
verdadera. Cristo enfrentó con vehemencia a los fariseos de esa época
por su notoria religiosidad hipócrita. Por medio de parábolas el Señor
les mostró con gran sencillez los fundamentos de la doctrina de su Padre
que se centran en las verdades del reino escatológico, que develan su
persona mesiánica, pero que no quisieron comprender por su fanática y
altanera necedad. El Señor les llamó «sepulcros blanqueados». Parecían
justos y santos, pero en realidad, muy dentro de ellos, reinaban con
diademas de hierro el egoísmo y la impiedad; eran falsos y rigurosamente
legalistas.
«
¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque sois
semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se
muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de
toda inmundicia.
Así
también vosotros por fuera, a la verdad, os mostráis justos a los
hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad»
(Mt.23:27-28).
En
la parábola del gran banquete, que es el futuro reino mesiánico, en el
capítulo 14 de Lucas, Israel, el pueblo escogido de Dios, no ha aceptado
la invitación de Cristo que es el anfitrión del gran banquete, del
reino milenario y teocrático, pero los que están afuera del templo, los
que están en las plazas y en las calles (el mundo), que son reconocidos
como los goyims o gentiles (los pobres, los mancos, los cojos y los
ciegos), son forzados a entrar a ese bendito lugar donde: «…Cosas que
ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que
Dios ha preparado para los que le aman» (1 Co.2:9):
«
Y todos a una comenzaron a excusarse. El primero dijo: He comprado una
hacienda, y necesito ir a verla; te ruego que me excuses. Otro dijo: He
comprado cinco yuntas de bueyes, y voy a probarlos; te ruego que me
excuses. Y otro dijo: Acabo de casarme, y por tanto no puedo ir. Vuelto
el siervo, hizo saber estas cosas a su señor. Entonces enojado el padre
de familia, dijo a su siervo: Ve pronto por las plazas y las calles de
la ciudad, y trae acá a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos. Y
dijo el siervo: Señor, se ha hecho como mandaste, y aún hay lugar. Dijo
el señor al siervo: Ve por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a
entrar, para que se llene mi casa. Porque os digo que ninguno de
aquellos hombres que fueron convidados, gustará mi cena» (Lc.14:18-24).
La
parábola del rico y Lázaro, se encuentra relacionaba con la parábola
anterior. Ambas compaginan en sus contenidos con el rechazo judío del
reino de los cielos por su incredulidad al Mesías que vieron cara a
cara. Encontramos en ellas a dos personajes centrales con la salvedad
que jamás existieron, pero, por sus características, de suma importancia
para entender el significado de la parábola. Uno de estos personajes,
es una persona rica. Ésta persona representa a la nación judía que ha
rechazado abiertamente la oferta de la gracia por medio de Jesucristo.
No es difícil saber que la oferta de la gracia apunta hacia la teocracia
venidera y terrenal, dónde culmina la salvación; el otro personaje, es
Lázaro, y representa a los gentiles, a los que se les ha «forzado» a
entrar en el reino de Dios.
«Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez».
La
vestimenta de «púrpura» (porphuran) y «lino» que portaba o vestía
(enedidusketo) el personaje rico, se empleaba en los mantos de los
príncipes y también de las gentes poseedoras de riquezas (púrpura azul).
La «púrpura» y el «lino» en esta parábola se manejan como un
simbolismo de la realeza y el sacerdocio judío:
«Y
vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa. Estas son las
palabras que dirás a los hijos de Israel» (Ex.19:8).
«
Mas tú y tus hijos contigo guardaréis vuestro sacerdocio en todo lo
relacionado con el altar, y del velo adentro, y ministraréis. Yo os he
dado en don el servicio de vuestro sacerdocio; y el extraño que se
acercare, morirá» (Nm.18:7).
«Mi
pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento. Por cuanto
desechaste el conocimiento, yo te echaré del sacerdocio; y porque
olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos»
(Os.4:6).
«
Las vestiduras que harán son estas: el pectoral, el efod, el manto, la
túnica bordada, la mitra y el cinturón. Hagan, pues, las vestiduras
sagradas para Aarón tu hermano, y para sus hijos, para que sean mis
sacerdotes.
Tomarán oro, azul, púrpura, carmesí y lino torcido, y harán el efod de oro, azul, púrpura, carmesí y lino torcido, de obra primorosa. Tendrá dos hombreras que se junten a sus dos extremos, y así se juntará. Y su cinto de obra primorosa que estará sobre él, será de la misma obra, parte del mismo; de oro, azul, púrpura, carmesí y lino torcido» (Ex.28:4-8).
Tomarán oro, azul, púrpura, carmesí y lino torcido, y harán el efod de oro, azul, púrpura, carmesí y lino torcido, de obra primorosa. Tendrá dos hombreras que se junten a sus dos extremos, y así se juntará. Y su cinto de obra primorosa que estará sobre él, será de la misma obra, parte del mismo; de oro, azul, púrpura, carmesí y lino torcido» (Ex.28:4-8).
El
«rico» representa a los fariseos que pertenecían a la nación de Israel,
los que con ánimo marcado fueron muy inclinados a amar el dinero,
dándole un mal empleo. Su servicio a Dios era sin amor, pero sí fingido,
sólo había en ellos una engañosa apariencia religiosa (Mt. 23:1-5). Un
ejemplo claro está, en Mt. capítulo 23, que habla de la explotación
abusiva (devorar) de las viudas indefensas y necesitadas por este
indolente y sectario grupo:
«
¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque devoráis las
casas de las viudas, y como pretexto hacéis largas oraciones; por esto
recibiréis mayor condenación» (Mt.23:14).
Había
también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de
aquél, lleno de llagas, y ansiaba saciarse de las migajas que caían de
la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas.
Por
el otro lado, tenemos a la persona de «Lázaro, «Eleazaros», cuyo nombre
significa «Al que Dios ayuda». En la parábola, Lázaro representa a los
gentiles que vivían en un momento dado sin Cristo, apartados de la
ciudadanía de Dios, ajenos a los pactos de la promesa, viviendo sin luz y
sin esperanza, como Pablo comenta en su carta a los efesios (Véase, Ef.
2:12).
Vemos
en la parábola la presencia de «perros». Los gentiles fueron
comparados por los judíos como «perros», animales que para ellos eran
inmundos. Cuando Cristo denunció la falsedad de los fariseos en público,
éstos creían que Dios los había escogido tan sólo a ellos con especial
y entera exclusividad. Además creían que los gentiles no tenían
oportunidades para recibir y gozar de alguna bendición de parte de Dios,
que se tenían que conformar únicamente con las «migajas» del pan, lo
que no cambiaba su situación para nada. Pensaron que Dios los había
olvidado para siempre. ¡Pero qué equivocados estaban! Los fariseos se
jactaban de practicar una fulgurante santidad y una justicia perfecta,
pero eran orgullosos y menospreciaban a otros. Su espiritualidad fue
según sus egocéntricas conveniencias (Véase Lc.18:9-14).
Un
autor es preciso en decir, qué, si creyésemos que esta historia narrada
por el Señor fuera literalmente real, tendríamos que admitir la
doctrina de la inmortalidad del alma como veraz. De tal modo,
aprobaríamos también la idea de una recompensación inmediatamente
después de la muerte, es decir, de gozo o de sufrimiento eterno. Para
empezar, la Biblia jamás menciona de recibirse una determinada
recompensación después de la pronta muerte, pero si habla que los
cristianos genuinos aguardan la esperanza bienaventurada y la
manifestación gloriosa de Jesucristo, el Salvador del mundo (Tit. 2:13).
¿Por qué se espera o se aguarda esta esperanza de la manifestación
gloriosa y visible de Hijo de Dios? Cuando Cristo venga en gloria al
mundo por segunda vez, los muertos en Cristo serán resucitados primero.
La prueba, aquí la tenemos a continuación:
«Tampoco
queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no
os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si
creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a
los que durmieron en él. Por lo cual os decimos esto en palabra del
Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida
del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo
con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios,
descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego
nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados
juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y
así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos los unos a los
otros con estas palabras» (1 Ts.4:13-18).
Pablo
exhorta a los creyentes de su época para que no se entristecieran por
los fieles cristianos que habían fenecido ya, porque Cristo en su
retorno visible y en las nubes del cielo, los traería a una vida nueva
por la resurrección de los muertos, en llamada primera resurrección, la
que es únicamente para los hijos de Dios:
«Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección;
la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán
sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años» (Ap.2:6).
Pablo
jamás insinúa o afirma a sus contemporáneos correligionarios que estos
creyentes fallecidos se encontraban gozando en un lugar maravilloso y
paradisíaco. Si esto habría sido verdad, es muy seguro que el apóstol
Pablo se los hubiera dicho sin rodeos. El texto anterior aclara que será
bienaventurado el que tiene parte en la primera resurrección, la que se
efectuará cuando finalicen los sistemas del mundo, y no en el momento
preciso de morir, porque al morir, quedamos en una total inconsciencia,
nuestras emociones han desaparecido, no sabemos nada de nada, nuestra
memoria se encuentra en el más oscuro olvido, por lo tanto, no hay
recuerdos de ninguna clase….Por este hecho, no podemos estar despiertos
en otro lado, nivel o esfera, en el mal llamado «más allá», como alegan
los que defienden esta posición y que la Biblia no sostiene en ningún
lado de sus 66 libros:
«Porque los que viven saben que han de morir; pero los muertos nada
saben, ni tienen más paga; porque su memoria es puesta en olvido.
También su amor y su odio y su envidia fenecieron ya; y nunca más
tendrán parte en todo lo que se hace debajo del sol» (Ec. 9:5-6).
En
Daniel, capítulo 12, dice que los que están en el polvo de la tierra
serán despertados del sueño de la muerte para recibir vida o muerte
eterna. No hay nadie consciente después de la muerte:
«Y
muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados,
unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua»
(Dn.12:2).
Y despertarán al escuchar la voz de Cristo:
«De
cierto, de cierto os digo: Viene la hora, y ahora es, cuando los
muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán»
(Jn.5:25).
Los
creyentes en Cristos, despertarán en la primera resurrección, en la
segunda venida del Señor, como antes dijimos; los pecadores no
arrepentidos, serán despertados en la segunda resurrección, después que
desparezca la antigua y primera creación (Ap. 20:11-15):
«No
os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están
en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a
resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de
condenación» (Jn.5:28-29).
Aconteció
que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham;
y murió también el rico, y fue sepultado. Y en el Hades alzó sus ojos,
estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno.
En
la parábola a estudiar, pareciera que Abraham se encontrara gozando
tranquilamente de su recompensa o galardón en ese lugar o seno que lleva
su nombre, en infinita paz y dicha. Pero la epístola a los Hebreos nos
hace ver otra cosa muy diferente:
«Por
la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había
de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba. Por la fe
habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena,
morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa;
porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y
constructor es Dios. Por la fe también la misma Sara, siendo estéril,
recibió fuerza para concebir; y dio a luz aun fuera del tiempo de la
edad, porque creyó que era fiel quien lo había prometido. Por lo cual
también, de uno, y ése ya casi muerto, salieron como las estrellas del
cielo en multitud, y como la arena innumerable que está a la orilla del
mar. Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo
prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y
confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra»
(Heb.11:8-13).
Los
textos hablan que Abraham esperaba la promesa venidera por ser
coheredero de ella, como son de la misma manera Isaac y Jacob, y los que
han creído en Cristo: «…y así estaremos siempre con el Señor» (véase: 1
Ts. cap. 4). Es importante hacer notar que esta promesa no fue recibida
cuando este hombre de Dios, nombrado correctamente el padre de la fe,
murió. Él sabía que este cumplimiento era para el futuro, por eso dice
el texto: «mirándolo de lejos». El Nuevo Testamento revela que este
asunto se llevará a cabo en la era milenaria, en el reino de Cristo,
cuando la tierra sea restituida, hecho limpia de los efectos del pecado
(Ro.8:19-23; Ap. 20:4.6).
Pablo
especifica que la gloria para los herederos y coherederos de Cristo
será futura, venidera, y no instantes después de la muerte:
«Y
si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con
Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con
él seamos glorificados. Pues tengo por cierto que las aflicciones del
tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en
nosotros ha de manifestarse» (Ro.17-18).
¿Qué es en sí el Seno de Abraham?
Figura
de lenguaje utilizada por Jesús en la parábola de *Lázaro y el rico
(Lc. 16.22–23), como ilustración de la “gran sima… puesta” entre la
felicidad del paraíso y el sufrimiento de Hades (cf. Mt. 8.11–12). A
Lázaro, ya muerto, se lo representa reclinado al lado de Abraham en la
fiesta de los bienaventurados, según la costumbre judaica por la cual la
cabeza de una persona quedaba ubicada prácticamente en el seno de la
persona que se encontraba a su lado, y colocaba al invitado más
privilegiado en dicha relación con su anfitrión (p. ej. Jn. 13.23).
Estar sentado en el seno de Abraham significaba, en lenguaje talmúdico,
estar en el *paraíso (cf. 4 Mac.13.17). Estas metáforas orientales no
deben tomarse como pruebas de que los judíos creyesen en un estado
intermedio.
«El
seno de Abraham», cuyo sentido real es metafórico, significa el lugar
de honor y privilegio que los gentiles han recibido por medio de
Jesucristo, y que una vez los judíos lo consideraron exclusivamente de
su propiedad, pero las cosas cambiaron y ahora el seno de Abraham, el
lugar de honor y privilegio, ha sido transferido a las personas ajenas
al pueblo de Israel, a los gentiles, y Dios, a través de Cristo, se
encargó de este problema…Por medio de la gracia, esto se pudo lograr:
Cristo vino a separa el muro que había entre judíos y gentiles, haciendo
de ellos un pueblo, un solo cuerpo, que es la Iglesia suya:
«Porque
él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared
intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades, la ley
de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de
los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz
reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las
enemistades» (Ef.2:14-16).
En otra parte:
«Mas
a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio
potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de
sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios»
(Jn.1:12-13).
La
Biblia comenta que Cristo vino a lo suyo, pero que los «suyos» no lo
recibieron. El texto se refiere al gran número de personas que han
integrado la nación de Israel desde el tiempo de la nueva dispensación y
que hasta la fecha lo han seguido rechazando, que no lo han reconocido
como el Mesías enviado por Dios:
«A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron» (Jn.1:11).
Pablo
describe la destitución de los judíos del lugar de honor y privilegio
por causa de su incredulidad hacia el Hijo de Dios. Menciona que por la
trasgresión de Israel vino la salvación a los gentiles. La exclusión de
Israel dio pie a la reconciliación del mundo gentil para con Dios
(Ro.11:15). Ahora, éstos ocupan ese lugar y que Jesús lo refiere en su
parábola como «el seno de Abraham»:
« ¿Qué pues? Lo que buscaba Israel, no lo ha alcanzado; pero los
escogidos sí lo han alcanzado, y los demás fueron endurecidos; como está
escrito: Dios les dio espíritu de estupor, ojos con que no vean y oídos
con que no oigan, hasta el día de hoy. Y David dice: Sea vuelto su
convite en trampa y en red,
En tropezadero y en retribución; Sean oscurecidos sus ojos para que no vean, Y agóbiales la espalda para siempre. Digo, pues: ¿Han tropezado los de Israel para que cayesen? En ninguna manera; pero por su trasgresión vino la salvación a los gentiles, para provocarles a celos» (Ro.11:7-11).
En tropezadero y en retribución; Sean oscurecidos sus ojos para que no vean, Y agóbiales la espalda para siempre. Digo, pues: ¿Han tropezado los de Israel para que cayesen? En ninguna manera; pero por su trasgresión vino la salvación a los gentiles, para provocarles a celos» (Ro.11:7-11).
Pablo
compara a Israel como las ramas desgajadas y al mundo gentil como el
olivo silvestre que ha sido injertado en el lugar de ellas para recibir
la rica y excelente bendición (participante de la raíz y de la rica
savia del buen olivo). Al fin y al cabo, Israel será restituido
nuevamente a su lugar honorífico y estimado lugar:
«Pues
si algunas de las ramas fueron desgajadas, y tú, siendo olivo
silvestre, has sido injertado en lugar de ellas, y has sido hecho
participante de la raíz y de la rica savia del olivo, no te jactes
contra las ramas; y si te jactas, sabe que no sustentas tú a la raíz,
sino la raíz a ti. Pues las ramas, dirás, fueron desgajadas para que yo
fuese injertado. Bien; por su incredulidad fueron desgajadas, pero tú
por la fe estás en pie. No te ensoberbezcas, sino teme.
Porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, a ti tampoco te perdonará. Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios; la severidad ciertamente para con los que cayeron, pero la bondad para contigo, si permaneces en esa bondad; pues de otra manera tú también serás cortado. Y aun ellos, si no permanecieren en incredulidad, serán injertados, pues poderoso es Dios para volverlos a injertar. Porque si tú fuiste cortado del que por naturaleza es olivo silvestre, y contra naturaleza fuiste injertado en el buen olivo, ¿cuánto más éstos, que son las ramas naturales, serán injertados en su propio olivo?» (Ro.11:17-24).
Porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, a ti tampoco te perdonará. Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios; la severidad ciertamente para con los que cayeron, pero la bondad para contigo, si permaneces en esa bondad; pues de otra manera tú también serás cortado. Y aun ellos, si no permanecieren en incredulidad, serán injertados, pues poderoso es Dios para volverlos a injertar. Porque si tú fuiste cortado del que por naturaleza es olivo silvestre, y contra naturaleza fuiste injertado en el buen olivo, ¿cuánto más éstos, que son las ramas naturales, serán injertados en su propio olivo?» (Ro.11:17-24).
Y
en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a
Abraham, y a Lázaro en su seno. Entonces él, dando voces, dijo: Padre
Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta
de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en
esta llama.
El
«hades» (häidëi, gr.) que Cristo menciona en la parábola, no es ese
lugar en el que se supone van las almas inmortales de los hombres para
sufrir un espantoso y llameante castigo por causa de sus iniquidades y
maldades que practicaron cuando estaban vivos en este mundo
tridimensional y palpable. El Paraíso y la Gehena en el pensamiento
judío nunca se definieron como dos lugares místicamente invisibles: uno,
en el cielo, y el otro, en el inframundo, de acuerdo a la concepción
helénica pagana. Cada uno de ellos, en realidad, adquiere una
connotación diferente y escatológica. El Paraíso, en realidad, como el
futuro reino terrenal y milenario del Mesías, y la Gehena, como el lugar
confinado para la destrucción futura de los impíos, llamado también
Lago de Fuego (véase: Ap.19:20; Ap.20:10, 14-15). Para los cristianos
antiguos, el hades significaba exactamente lo mismo que el sheol hebreo,
lugar en que todos los hombres van al morir, dónde no existe un
sufrimiento consciente e inmediato, ni tampoco eterno como por
tradición se supone (ese lugar se compara con: fosa, sepulcro, tumba,
etc). El sheol judío, que es el mismo hades novotestamenatrio
(sinónimos), es para la Biblia un lugar o tierra de oscuridad y de
silencio, y si hay silencio en ese lugar, entonces es imposible que se
escuchen gemidos o lamentos, y si no hay lamentos ni gemidos audibles,
ni gritos desesperantes por causa de dolor quemante, lógicamente no
puede haber castigo en él, como tantos por error creen (véase Job10:2;
Sal.115:17). La palabra «hades» se deriva de la palabra «idein» y
significa con regularidad «invisible». Cristo usa en la parábola esta
palabra para indicar que los judíos incrédulos a él como el Mesías
prometido a Israel fueron quitados ante los ojos de Dios. Se tornaron
invisibles para el Divino y los gentiles (= a Lázaro), por medio de
Jesucristo (1Jn.1:17), obtuvieron la preciada posición que una vez
perteneció a los hijos de Israel.
Hijo,
acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males;
pero ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado.
El
significado de «estando en tormentos», «atormentado en esta llama», en
la parábola, no se refiere necesariamente que el rico esté siendo
castigado con alguna clase de fuego en el inframundo. «En tormentos» (en
basanois, gr.), es la piedra de toque por lo que eran probados el oro y
otros metales (Interlineal: Al Texto Griego del Nuevo Testamento, de
A.T. Robertston), por fuego, como la plata es «probada» para su
depuración (Prov.25:4):
«Y
meteré en el fuego a la tercera parte, y los fundiré como se funde la
plata, y los probaré como se prueba el oro. El invocará mi nombre, y yo
le oiré, y diré: Pueblo mío; y él dirá: Jehová es mi Dios» (Zac.13:9).
Israel
no se libró de ningún modo de la «prueba del fuego». Cristo les había
profetizado que no pasaría aquella generación para que fueran asediados y
asolados (una generación equivalía para los judíos 40 años, véase Mr.
13:30). Por causa de su rebeldía e incredulidad, por desconocer el día
de su visitación, visitación, que tuvieron sin percatarse enfrente de
sus religiosas y ostentosas narices en la persona del Hijo del Hombre
(Lc.19:43-44), el 10 de agosto del 70 d. C., el ejército de Tito, hijo
de Vespasiano, logra hacer una brecha y las murallas y el templo caen
estrepitosamente. Cientos de judíos son llevados cautivos a la ciudad de
Roma y los objetos del templo son tomados como botín de incalculable
precio. Se estima que casi un millón de judíos perecieron por los
ataques despiadados del ejército romano, otros más, fueron con
humillación esclavizados. Pero esto no es todo, en el futuro, en la gran
tribulación, seguirán siendo «probados con fuego»: el Anticristo los
perseguirá con la intención de exterminarlos para siempre (Dn. 7:21;
Zac.14:1, 2; Ap. cap. 12), hasta que puedan decir: «Bendito el que viene
en el nombre del Señor» (Mt. 23:39).
Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua…
En
la parábola miramos que el rico, yaciente en el hades, llama a Abraham
como su Padre. No hay otra nación fuera de la judía que tuvieran a
Abraham como Padre. Los fariseos que eran de origen judío, se
consideraban descendientes de Abraham, hijos del patriarca de la fe. La
parábola va dirigida contra ellos, y el rico, es su más fiel
representante:
«Le respondieron: Linaje de Abraham somos, y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Seréis libres? (Jn.8:33).
«Respondieron
y le dijeron: Nuestro padre es Abraham. Jesús les dijo: Si fueseis
hijos de Abraham, las obras de Abraham haríais» (Jn.8:39).
…para
que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua… A nadie se
le ocurriría pedir a alguien mojar la yema o punta de su dedo para
refrescarse la lengua mientras se consume físicamente en un fuego
literal. Es una locura monstruosa y absurda pensarlo así. Este «llama de
tormenta», en realidad, es más bien, una expresión que muestra la
angustia síquica provocada en el hombre rico la destitución del lugar de
honor. Una llama, un fuego que consume el corazón por la pérdida de una
estimada posesión, de un bien invalorable en precio. Además, ¿cómo es
posible encontrar «agua» en un lugar qué es diferente a este mundo?
Además
de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de
manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de
allá pasar acá.
La
palabra «sima» (chasma) en la parábola a estudiar, es una antigua
palabra de «chainö», «una abertura extendida». «Está puesta»
(estëriktai), perfecto pasivo de indicativo de «stëizö», un viejo verbo
(véase por favor Lc.9:51). Una grieta permanente. «No pueden» (më
dunöntai), presente de subjuntivo, voz media de «dumamai». El
significado de esto, es figurado, indicando que existe un abismo de
separación entre gentiles, que han sido bendecidos por la gracia, y los
judíos, que fueron aislados e incomunicados por su postura negativa al
Hijo de José y María, al que no reconocieron como el Mesías verdadero
enviado por el Padre. Los papales se invierten, y los gentiles pasan a
tener un lugar importante en la presencia de Dios. La Biblia afirma que
el entendimiento de los judíos se hizo ineficaz para comprender que la
ley antigua, que no salva, fue abolida por Cristo, que él fue su fin
definitivo (Ro.10:4). Pero en la conversión al Señor, al reconocerlo, el
velo no descubierto que está en los ojos de su razón podrá ser quitado
entonces (Ro.10:4; 2 Co.3:13-16). Mientras, en su incredulidad y
rechazo, estarán apartados de la presencia de Dios hasta que se
conviertan al que por su muerte, sin excepción, hace idóneos a los
hombres para entrar al reino terrenal venidero, es decir, si es que
creen en él, como condición necesaria (Jn.3:16; 3:36).
Entonces
le dijo: Te ruego, pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre,
porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no
vengan ellos también a este lugar de tormento.
Un
autor identifica razonablemente al rico y a sus cinco hermanos con el
pueblo judío. El rico representa a la tribu de Judá. Judá, después de la
deportación de 70 años en tierras babilónicas, que dio principio con el
rey Nabucodonosor (Jer. 20:10) y que termina con el rey Ciro, el Grande
(Esd.1:1-4), continuó teniendo una apegada relación con Dios en el
tiempo de Cristo. Los cinco hermanos del rico, es decir, de Judá, en la
parábola, son: Rubén, Simeón, Leví, Isacar y Zabulón, comenta además.
Cristo
siempre enseñó muchas de las más profundas verdades espirituales con
parábolas. Los mismos discípulos confirman lo dicho antes. Jamás veremos
por el carácter de sus narrativas que hayan sido sucesos reales o
historias verídicas.
Cristo
utilizó la parábola con regularidad para mostrar con suma sencillez
los propósitos divinos que se centran en el escatológico y teocrático
reino terrenal. A pesar de esto, los fariseos, los petulantes y
orgullosos maestros de la ley, no quisieron oír y entender el claro y
congruente mensaje proclamado por el Hijo de Dios para su bien. Esto
trajo el desarraigo del valioso lugar que tenían como pueblo escogido
delante de Dios. Fue sin duda el resultado de su tonta negativa y
patética actitud, por razón de su malogrado celo religioso, por su
envidia asesina y altivez desmedida y enfermiza.
Pero
llegará el tiempo que una gran parte de Israel se perderá, y únicamente
una pequeña parte será restaurada para que logre salvarse (Zac.
13:8-9). Cristo librará a Israel de la impiedad y de su pecado, en su
retorno al mundo en gloria, en poder, y visible para el ojo humano (Ro.
11:26-27; Ap.1:7). Entonces se cumplirá la promesa de Dios hecha a
Abraham desde la antigüedad, que abarca, no solo a los judíos, sino a
los gentiles de todo el mundo que aman a Dios y que han creído en
Jesucristo como Señor y Mesías:
«Bendeciré
a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán
benditas en ti todas las familias de la tierra» (Gn.12:3).
«Y
haré tu descendencia como el polvo de la tierra; que si alguno puede
contar el polvo de la tierra, también tu descendencia será contada»
(Gn.13:16).
«He
aquí mi pacto es contigo, y serás padre de muchedumbre de gentes. Y no
se llamará más tu nombre Abram, sino que será tu nombre Abraham, porque
te he puesto por padre de muchedumbre de gentes. Y te multiplicaré en
gran manera, y haré naciones de ti, y reyes saldrán de ti. Y estableceré
mi pacto entre mí y ti, y tu descendencia después de ti en sus
generaciones, por pacto perpetuo, para ser tu Dios, y el de tu
descendencia después de ti» (Gn.17:4-7).
Para
terminar, los mismos discípulos exponen en la Biblia que su maestro
siempre enseñó con parábolas los misterios del reino de Dios: una prueba
más que sin duda descarta la parábola del rico y Lázaro como un
acontecimiento veraz:
«Entonces,
acercándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por
parábolas? El respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es dado saber
los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les es dado.
Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no
tiene, aun lo que tiene le será quitado. Por eso les hablo por
parábolas: porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden. De
manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dijo: De oído
oiréis, y no entenderéis; y viendo veréis, y no percibiréis. Porque el
corazón de este pueblo se ha engrosado, y con los oídos oyen
pesadamente, y han cerrado sus ojos; para que no vean con los ojos, y
oigan con los oídos, Y con el corazón entiendan, y se conviertan, y yo
los sane» (Mt.13:10-15).
Dios les bendiga siempre, hermanos que nos visitan con mucho agrado.